Se trata de Julia Fernández, hija de un miembro de la Generación Dorada, quien conquistó la Liga Nacional femenina con Ferro y ya se coronó campeona con el seleccionado nacional. "Mi papá jamás me presionó y quería que sea feliz con lo que haga", afirmó a De Brown. Su historia.

Los frutos de la Generación Dorada también crecen en Almirante Brown. Julia Fernández, hija de uno de los campeones olímpicos, se formó en el Burzaco Fútbol Club y hoy conquista la Liga Nacional. Recientemente, cumplió uno de los grandes sueños de su carrera: debutar con la Selección Argentina mayor.
El apellido de esta joven de 22 años es una institución en el básquet nacional. Su padre es Gabriel, quien se colgó la medalla de oro en Atenas 2004, y su abuelo es Rubén Fernández. Así, se convirtió en la tercera generación de su familia en vestir la camiseta del combinado nacional.
El vínculo con la pelota naranja comenzó casi de manera natural. “Mi papá jugó toda su vida. Mis abuelos y tíos también. Cuando era chiquita estaba rodeada de básquet”, contó Julia en diálogo con ww.deBrown.com.ar.
A los 8 años, Gabriel le preguntó si quería ir a entrenar al Burzaco Fútbol Club, el mismo lugar donde él había dado sus primeros pasos. Si bien aceptó, afirmó que “no entendía nada” y se divertía corriendo atrás del balón.
Tras dejar el básquet durante un tiempo y hacer patín junto a su hermana, volvió al deporte con el que creció y nunca más paró. Con el tiempo llegaron los seleccionados juveniles, los primeros torneos internacionales y el salto al alto nivel.

“A los 12 años me di cuenta cómo tenía que hacer las cosas para ser profesional. A los 15, la primera vez que quedé en una selección formativa, tuve un roce internacional y me quedé fascinada con el profesionalismo y la estructura de los otros equipos”, explicó.
Ese momento marcó un quiebre. “Cambié muchas cosas y me lo tomé en serio: comencé a cuidarme con la alimentación, entrenar extra y hacer más gimnasio”, detalló.
Su talento y disciplina la llevaron hasta Ferro, donde se consolidó en la Liga Nacional y consiguió títulos. Allí, también tuvo una experiencia particular: compartir equipo con su papá, quien se convirtió en su entrenador tras la salida del técnico del plantel.
“Jamás me presionó y quería que sea feliz con lo que haga. Si quería jugar de manera profesional, me iba a ayudar. Si era para divertirme, también era válido. Era mi elección y nunca me presionó. Estar con él estos últimos años me ayudó a mejorar mi confianza y juego”, afirmó Julia.
Ahora afrontará una nueva etapa, ya que fue anunciada como nueva jugadora de Boca. En ese sentido, destacó que Ferro es un club que le “dio mucho”, pero consideró que llegar al Xeneize será un “gran desafío” porque es “de los más grandes de Argentina y conocido en el mundo”.
Pero el salto más importante llegó con la Selección. Después de varios años en los combinados juveniles y distintas concentraciones, recibió el llamado para integrar el plantel superior y fue parte del equipo que se consagró campeón hace pocas semanas en el Sudamericano.
“Fue muy emotivo jugarlo. Venía entrando hace muchos años. Al estar en las formativas sabés que la mayor es lo más grande que hay, porque no hay nada detrás de eso”, contó.
La experiencia también le abrió rápidamente otra puerta: fue convocada para continuar con la Selección en el torneo preclasificatorio a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, que se disputará en Guadalajara, México.
Detrás de esa camiseta también aparece una historia familiar difícil de igualar. Rubén Fernández, su abuelo, fue jugador de la Selección; y Gabriel, su papá, integró durante años el equipo nacional y fue campeón olímpico. Ahora, Julia continúa el legado.
Hay otra particularidad que une su historia con la Generación Dorada. La joven nació un día antes de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, donde su padre se colgó la histórica medalla de oro.
“Nací prematura y fue un día antes de los JJOO. Mi papá no estuvo para el parto, pero nadie se esperaba que naciera. Siempre me jode que me apuré para verlos campeones”, señaló.

Ahora, Julia busca que su apellido no sea solamente una referencia al pasado. Su objetivo es construir su propia historia dentro del básquet. “Uno de mis objetivos era estar en la Selección y estoy muy contenta de haberlo conseguido. El segundo es mantenerlo y participar en los próximos torneos. Después, me gustaría vivir de esto en algún momento y ser 100% profesional”, precisó.
Su recorrido también está atravesado por una realidad que excede su historia personal: las diferencias que todavía existen en este deporte entre el femenino y masculino. Si bien recibe ingresos, no le permiten vivir exclusivamente de su carrera.
“A nivel sueldo hay mucha distancia. Pero estos últimos años en la Liga Nacional, las formativas y otros torneos que fueron surgiendo, crecieron un montón. Empieza a crecer cada vez más y se le da mayor importancia”, explicó.
Para la surgida en Fobal, esto también puede verse en las tribunas: “Se llenan más las canchas. Los últimos torneos estaba completo el estadio en las semis y final. Y es muy lindo ver que pasa eso, es una locura”.

Mientras tanto, muchas jugadoras todavía combinan el deporte con otras actividades para poder sostenerse. “Mejoraron, pero si sos una jugadora que te tenés que bancar sola, no todas pueden. Pero vamos en camino a poder hacerlo”, sentenció.
Desde aquellas primeras prácticas en el Fobal de Burzaco hasta la camiseta de la Selección, Julia ya escribió varios capítulos importantes. Y todavía tiene muchos por delante.