La directora del colegio San Pío X contó los desafíos de la educación especial y cómo ayudan a los estudiantes en su camino hacia la vida adulta. “La contención es lo que atraviesa toda la escuela”, sostuvo a De Brown. Conocé su historia.

El Día del Maestro se celebra este viernes, 11 de septiembre, y la mirada se posa sobre quienes acompañan distintas formas de aprender. Entre ellos está Graciela Brandan, directora de la Escuela Especial San Pío X, donde enseñar no se limita a lo académico y supone comprender las necesidades de cada estudiante.
La institución funciona dentro del Cottolengo Don Orione de Claypole, donde recibe a adolescentes y jóvenes de entre 12 y 21 años que transitan su formación en la modalidad de educación especial.
Su directora es Graciela, quien se formó como maestra de escuela de nivel y licenciada en Terapia Ocupacional. Dio sus primeros pasos en escuelas comunes y en el área de salud, en un centro de día con personas con discapacidad.
Hace ocho años llegó a San Pío X como parte del equipo técnico, una tarea para la que estaba especialmente orientada por su capacitación. Luego fue vicedirectora durante tres años y actualmente transita su tercer año al frente de la institución.
“Me gusta mucho mi trabajo. Y es un desafío constante la adolescencia. Poder trabajar las herramientas que necesitan para su vida adulta”, afirmó Graciela a www.deBrown.com.ar.
En ese contexto, continuó: “Incorporarme a especial fue un desafío para poder ver hasta dónde uno puede ayudar al otro. La contención es lo que atraviesa toda la escuela. Contener y poder escucharlos. Me llena de orgullo que los chicos quieran venir”.
Desde su lugar, explicó que uno de los principales objetivos es “acompañar y tratar de identificar las fortalezas para potenciarlas” de cada estudiante. Al mismo tiempo, encontrar “estrategias” para superar las dificultades.

Graciela también destacó los avances que observa durante las trayectorias escolares. Desde acompañarlos para que puedan trasladarse solos hasta realizar cursos y obtener certificaciones, cada pequeño logro representa un paso hacia una mayor independencia.
Si bien cada progreso de sus alumnos es importante, recordó uno que le llamó la atención cuando ingresó al San Pio X. Se trata de un joven “muy inhibido que terminó siendo uno de los mejores cantantes de la escuela y participó en los Bonaerenses”.
“Todo el tiempo hay casos de avances. Es algo que trabajamos con las familias. Por ejemplo, dejarlos en la parada de colectivo y que vengan solos. Es un montón darles esa independencia. Muchas hacen cursos y terminan con la certificación o hacen amigos que antes les costaban. Te sorprende todo el tiempo”, precisó.
La historia de la institución comenzó como la Escuela Especial Mamma Carolina, que surgió como un anexo del Cottolengo Don Orione de Claypole para atender a los residentes que se encontraban en edad escolar.
Con el paso del tiempo, comenzaron a ingresar estudiantes del barrio y zonas aledañas. En 1978, fue reconocida por el Ministerio de Educación y pasó a llamarse Escuela Especial San Pío X.
Actualmente, la escuela cuenta con grupos del Centro de Formación Integral (CFI), destinado a adolescentes y jóvenes de entre 12 y 21 años. La propuesta constituye la secundaria dentro de la modalidad de educación especial y tiene una duración de seis años.
“Son grupos reducidos, de hasta 15 chicos. Esto ayuda a focalizar o individualizar más y se logra la lectoescritura y la alfabetización. Hay articulaciones con centros de formación laboral. Los chicos van acompañados porque es en horario escolar”, detalló Graciela.
En tanto, la directora explicó: “Tenemos muchas familias a las que cuesta acompañar, entonces tratamos de hacer el trabajo en conjunto y llegar a que el chico sea un ciudadano de bien y pueda tener una vida normal. Los ayudamos a planificar su vida post escuela”.
En los últimos años, además, la institución debió afrontar desafíos vinculados a la adolescencia que atraviesan también otras escuelas. Los vínculos, el uso del celular y las redes sociales forman parte de las situaciones que se abordan junto a los estudiantes.
“Cada vez que se egresan te queda esa cosita de ver qué van a hacer después. Son bienvenidos a la escuela siempre y nos visitan. Se los convoca para actos. Tenemos egresadas que son mamás y aprendieron a manejarse. Está bueno que puedan incluirse en la sociedad sin notar ninguna diferencia por tener una discapacidad”, concluyó Graciela a este medio.