La localidad conserva un importante patrimonio cultural, con espacios emblemáticos como la Parroquia Santa Ana, la Fundación Soldi y el Museo Manigrasso. La información.

Glew celebra un nuevo aniversario y lo hace con el peso de una historia que comenzó a construirse hace más de un siglo y medio. Este lunes, 12 de octubre, la localidad cumple 161 años y vuelve a poner en valor una identidad atravesada por la cultura.
Los primeros antecedentes de la zona se remontan a 1810, cuando Clotilde, una mujer reconocida de la época, heredó estas tierras de su esposo. Antes de eso, se presume que el territorio había sido habitado por pueblos nómades dedicados a la caza y la pesca.
El nombre Glew llegó varias décadas después. En 1857, don Juan Glew adquirió las propiedades y levantó un almacén de ramos generales en el cruce de Avellaneda y Moreno, frente a la estación que años más tarde tendría un papel central en el crecimiento del pueblo.
En 1865, parte de esas tierras fueron destinadas al Ferrocarril del Sud para la construcción de las vías y la terminal. La llegada del tren significó un punto de inflexión y favoreció el crecimiento de la población y de la actividad comercial. Así fue como ese año finalmente se fundó.
Con el paso de los años, los terrenos ubicados al este de las vías comenzaron a ser conocidos como “Pueblo Nuevo de Glew”. La zona fue incorporando habitantes y comercios, mientras la expansión del pueblo avanzaba junto con la llegada de distintos servicios.

La educación también tuvo un lugar importante en ese proceso. En 1905, durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, se firmó el edicto para la creación de la Escuela Nº4 en Ministro Rivadavia, institución que posteriormente se trasladó a Glew.
La localidad también fue marcada por diferentes corrientes migratorias. Durante el período posterior a la Primera Guerra Mundial, se instaló una importante comunidad alemana; mientras que en 1960 llegaron japoneses que se radicaron allí.

Pero si hay un aspecto que la distingue, es su vínculo con el arte. Una de sus principales referencias es la Parroquia Santa Ana, inaugurada en 1905 y reconocida especialmente por los frescos que Raúl Soldi comenzó a pintar en su interior en 1953.
La relación del artista con la localidad se extendió más allá de la iglesia. En 1979, junto a su esposa, crearon la Fundación Soldi. Allí actualmente se reúnen 60 obras que recorren diferentes momentos de su trayectoria pictórica, desde 1927 hasta 1978.

Ese vínculo también dejó su huella en la vida cultural de la comunidad. El artista donó un edificio para la creación de la Biblioteca Pablo Rojas, que abrió sus puertas en 1970 y lleva el nombre de un escritor tucumano que fue amigo del pintor.

El patrimonio cultural de Glew se completa con espacios como el Museo Manigrasso. Allí se conservan cerámicas toscanas realizadas por el italiano Cosimo Manigrasso, quien, al igual que Soldi, encontró en la localidad un lugar para desarrollar su obra y construir su vida.