Se trata del periodista José Ignacio López. Trabajó en reconocidos medios y fue vocero presidencial de Raúl Alfonsín. El ataque ocurrió en 1976 en su vivienda. La historia.

Mucho antes de convertirse en una de las figuras más reconocidas del periodismo, la vida de José Ignacio López estuvo atravesada por un episodio extremadamente violento. Se trató de la colocación de una bomba en su casa de José Mármol en noviembre de 1976, una de las épocas más oscuras del país.
El comunicador browniano, hoy de 90 años, por entonces trabajaba en el diario La Opinión y cubría temas religiosos. Se encontraba en el exterior cuando ocurrió el atentado. Días antes, se había cruzado con Jacobo Timerman en el ascensor del medio, quien le sugirió ir a Roma junto a su esposa para fortalecer contactos en el Vaticano.
El viaje se concretó el 10 de noviembre y, al llegar a su hotel, López recibió un télex con la noticia. “Me informó que pusieron una bomba en mi casa y que estaban todos bien. ‘No te preocupes’, me decía”, recordó.
Sin embargo, al regresar al país, la dimensión del ataque fue mucho mayor de lo que esperaba. La explosión había destruido la puerta del garaje, parte del living, una pieza y su auto, un Citroën 3 CV. También se registraron daños en viviendas linderas y un vecino resultó herido.
A pesar del terrible escenario vivido, el saldo pudo haber sido mucho más grave. Es que en la casa se encontraban su madre y sus hijos, pero un hecho imprevisto evitó una tragedia mayor. Uno de sus pequeños, de apenas tres años, estaba inquieto y eso motivó a un cambio de habitación a último momento. “Eso ayudó, de milagro, a que nadie se lastimara”, contó.
Para el browniano el atentado no fue casual. Considera que pudo haber estado vinculado a su inclusión en una lista de periodistas señalados por la revista de ultraderecha “El Caudillo” como “marxistas infiltrados en la Iglesia”.
En ese entonces, participaba activamente en la Acción Católica y en la parroquia Santa Rosa, bajo la guía de monseñor Vicente Zazpe, uno de los primeros referentes eclesiásticos en reclamar por los derechos humanos.
El episodio no fue aislado. Con el paso del tiempo, ya trabajando en agencias de noticias, mantuvo contacto con figuras del poder militar. Según relató, el almirante Emilio Massera llegó a decirle que “a la gente donde está sentado usted no le pasa nada”, mientras que el general Roberto Viola le advirtió en tono serio: “López, cuídese…”.
A pesar de las amenazas, el vecino de Mármol decidió permanecer en el distrito. Años después, ya en democracia y como vocero del expresidente Raúl Alfonsín, su trayectoria estuvo marcada por la defensa del diálogo y la construcción social.

López fue el único periodista que le preguntó a Jorge Rafael Videla, quien llevaba más de un año y medio como presidente de facto, por los desaparecidos. Fue durante una conferencia de prensa en la Casa Rosada, en un contexto de fuerte control y escasa circulación de datos sobre la represión ilegal.
“Frente al desaparecido, mientras esté como tal, es una incógnita. Si el hombre apareciera, tendrá un tratamiento X. Si la desaparición se convirtiera en certeza de su fallecimiento, tiene un tratamiento Z. Mientras sea desaparecido, no puede tener ningún tratamiento especial, es una incógnita, es un desaparecido, no tiene entidad. No está ni muerto ni vivo, está desaparecido”, sentenció Videla ante la prensa.
Trabajó en los diarios La Nación, Clarín y La Opinión. Además, dirigió el vespertino Extra y fue parte de las agencias NA y DYN. Fue vocero del presidente Raúl Alfonsín y de Diálogo Argentino durante la crisis de 2001. Es miembro de la Academia de Periodismo y padre de cinco hijos.
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