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Malvinas en primera persona: “La guerra es algo oscuro”

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viernes 2 de abril del 2021

El capitán Alberto Ripalda debió dejar a su esposa embarazada de ocho meses para participar de la guerra. Estuvo prisionero durante un mes y un misil casi cae en el lugar donde se encontraba. La historia de un combatiente browniano. 

Un día como hoy, pero de 1982, las tropas argentinas desembarcaban en las Islas Malvinas con el afán de recuperar lo que los ingleses proclamaron como suyo. Entre ellos, estaba Alberto Ripalda, vecino de Adrogué.

Su historia

El browniano tenía 28 años y había sido recientemente ascendido como Teniente. Estaba destinado a la compañía de comunicaciones. Si bien no estuvo en el combate “cuerpo a cuerpo”, sufrió los ataques aéreos y los ruidos de los cañoneos navales eran parte del ambiente nocturno.

“Son situaciones de vida imborrables, que te quedan en la memoria. Como oficial del ejército y soldado me sentí orgulloso que me haya tocado, porque yo me preparé para defender esta Patria y fue un orgullo para mí”, expresó en diálogo con www.deBrown.com.ar.

El vecino vio la muerte cara a cara. Uno de los episodios más fuertes que le tocó vivir ocurrió cuando estaba en Bahía de Puerto Argentino. Un helicóptero sobrevoló el lugar. Los soldados abrieron fuego con los fusiles. Esto produjo que los ingleses perdieran el control de dos misiles.

“Uno cae al lado de Bahía Paraíso y el otro se nos venía para la compañía donde estábamos nosotros y pasó por el costado. Pegó en el Destacamento de Inteligencia, pero tampoco fue grave”, relató.

Producto de la Guerra de Malvinas, alrededor de 650 soldados perdieron la vida. Uno de los que cayeron fue Ignacio María Indino. Era oriundo de Adrogué y formaba parte de la misma compañía que Ripalda. “Es un dolor que no se olvida”, expresó.

Volver a casa

El 14 de junio se firmó el alto al fuego, dando final una batalla que duró tras 74 días y en la que la Argentina perdió. El regreso no fue fácil. Es que en medio de las negociaciones, varios combatientes fueron rehenes de los ingleses.

“Quedamos prisioneros todos los soldados de la compañía con otros oficiales en el establecimiento San Carlos. Estuvimos quince días ahí y otros quince sobre un barco inglés. Nos devolvieron en Puerto Madryn el 14 de julio”, contó Alberto quien aún conserva el número que le habían asignado: 576.

Cuando había partido, a principios de abril, el ahora veterano había dejado en la Argentina a su esposa embarazada de ocho meses, junto con su primogénito. Finalmente, al llegar al Regimiento N°3 de La Tablada, se fundió en un emotivo a abrazo con su familia.

“Conocí a mi nueva hija cuando tenía tres meses. El recuentro fue tipo película. Hubo lágrimas, sobre todo porque volvés con vida de la guerra”, contó.

El después

En 2009, fue reconocido como ciudadano ilustre por el Honorable Concejo Deliberante de Almirante Brown.  Pese a sentirse orgulloso de haber participado del combate, reconoce que no es una grata experiencia. “Ningún soldado que se precie de serlo le gusta la guerra. Es algo oscuro, es la muerte”, apuntó.

Hoy, a 39 años de aquel hecho, considera que Argentina desempeñó un buen papel aunque el resultado no haya sido el esperado. “Cuando terminó fue penoso y doloroso porque el rendirse también tiene su sabor amargo porque uno no desea hacerlo”, indicó.

 

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